Hace tiempo por x motivo tuve que ir a Monterrey; para las personas que me conocen, saben que no disfruto -para nada- su clima y que lo evito si puedo... no entiendo cómo pueden vivir con un clima de playa, pero sin el mar.
El chiste es que estuvimos batallando para dar con un negocio; la verdad es que no supe si eran los días, el hecho de que fuéramos foráneos o que se yo, pero la gente no nos daba información o nos la daba mocha. No digo que toda la gente de allá sea así, de hecho, es bien sabido que la gente del norte somos "buenas gentes" y hacemos migas con el menor de los pretextos. Igual y solo fueron una combinación de circunstancias.
Ese día había varios eventos allá, así es que a la hora de buscar hotel, solo quedaba una habitación (en el que habitualmente nos quedamos) y al doble del precio normal, lo cual se me hizo un completo abuso aquí y en China, pero en fin... buscamos otro hotel a la redonda y nada...
Después de buscar mediante aplicación, fuimos a dar a uno, digamos... un poco mas alejado, pero se veía "nice" para pasar la noche. Llegamos, nos registramos, salimos a dar la vuelta e incluso fuimos a un bar a ver una final de fútbol y -obvio- a beber. El hospedaje incluía el desayuno del día siguiente y pues uno feliz, porque las cosas salieron mejor de lo que habíamos esperado.
Al día siguiente, salí a correr a la redonda; observe "áreas de oportunidad" y no entendí si todas ellas nada mas las veía yo o si caigo en la típica de la intensión vuela super rápido que la acción. Disfrute de lo que vi, supongo que era porque al ser fin de semana había poca gente a esa hora y eso que es una ciudad grande. Yo pienso que es igual que mi rancho, solo que con edificios mas altos (jajaja).
De regreso al hotel, me baño, me preparo para salir a carretera, pero obvio, primero paso a desayunar; no soy mucho de andar probando 20 mil cosas nuevas, soy... digamos que de gustos simples o poco complejos. Pido mi desayuno, lo saboreo de otra forma y cuando ya estaba a punto de levantarme, decido pedir un último café y le digo a la mesera que nos estaba atendiendo que si no había ningún inconveniente me gustaría platicar con el chef; la señorita me pregunta que si hubo algún inconveniente y le digo que no, que simplemente quiero hablar con el chef. Sale con algo de prisa, entra a la cocina, se asomas dos personas, una disimuladamente me apunta, vuelven a entrar, pasa un minuto y sale hacia mí. Trae las manos entrelazadas, supongo que producto de la incertidumbre de no saber que va a recibir y con algo de pena. Le digo que su comida había estado exquisita y que había disfrutado mucho de ella, que es bueno reconocer en buen trabajo y que Dios bendijera sus manos. El color de su cara cambio y surgió una sonrisa, nos despedimos y nos fuimos.
Eso es ser agradecido y habla mucho mas de donde venimos...
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