En la gran ciudad de Roma, donde las columnas del Senado se alzaban como guardianas del poder, los hombres más influyentes discutían cómo mantener el orden. El bullicio de esclavos llenaba las calles: cargaban agua, levantaban muros, servían en las casas. Eran tantos que parecían un río interminable.
Un joven senador, deseoso de mostrar ingenio, propuso:
—Demos a los esclavos un color en sus túnicas. Así sabremos quién es libre y quién no.
La idea recorrió la sala como chispa en la pólvora. Algunos sonrieron, otros asintieron. Pero entonces, un anciano de mirada penetrante se levantó. Su voz, grave y pausada, cortó el aire:
La idea recorrió la sala como chispa en la pólvora. Algunos sonrieron, otros asintieron. Pero entonces, un anciano de mirada penetrante se levantó. Su voz, grave y pausada, cortó el aire:
—Si los esclavos llevan un color, verán que son más que nosotros. Y cuando comprendan su fuerza, Roma caerá bajo su furia.
El silencio se hizo pesado. Los senadores, que momentos antes se sentían sabios, se miraron con miedo. Afuera, los esclavos seguían trabajando, ignorantes de su número, invisibles en su multitud.
La propuesta fue enterrada en el olvido. Nunca se habló más de colores ni de marcas. Roma prefirió que sus esclavos se confundieran entre los libres, para que jamás descubrieran el secreto de su poder.
Moraleja...
Quien oprime teme más al despertar de los oprimidos que a cualquier enemigo externo. La verdadera fuerza no está en las cadenas, sino en la conciencia compartida.
El silencio se hizo pesado. Los senadores, que momentos antes se sentían sabios, se miraron con miedo. Afuera, los esclavos seguían trabajando, ignorantes de su número, invisibles en su multitud.
La propuesta fue enterrada en el olvido. Nunca se habló más de colores ni de marcas. Roma prefirió que sus esclavos se confundieran entre los libres, para que jamás descubrieran el secreto de su poder.
Moraleja...
Quien oprime teme más al despertar de los oprimidos que a cualquier enemigo externo. La verdadera fuerza no está en las cadenas, sino en la conciencia compartida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario